No siempre tengo mis días más inspirados trabajando en el taller. Son días donde la inspiración no viene en mi busca. El ordenador parece mi peor enemigo y las cuatro paredes se me quedan pequeñas ¡¡¡SOCORRO!!!.Intento dominar mi mano y mi lápiz y salgo de mi frustración para abordar mis ideas en plena naturaleza, en mi lugar preferido: la playa.

Es un lugar especial para mí, aunque no disponga de toda la tecnología para diseñar mis prendas de canastilla. Pero a veces es necesario huir de ello para volver a quererlo. A veces siento un amor-odio revelador hacia mi querido ordenador, seguro que lo entenderéis bien. Es en este rincón donde los peleles, los arrullos,… vuelven a cobrar vida, cuando tenía mis esperanzas por los suelos, resurgen de entre los granos de arena y la espuma del mar.

elmar